Ciertas metamorfosis
Como bien supo ver J.H. Rosny, a veces el alma se encarniza en los recuerdos como la hiena en los muertos. (Una imagen estremecedora, porque una persona atormentada sabe morderse a sí misma mucho más fuerte de lo que le morderían los otros.) Y a veces, efectivamente, en momentos de poca inspiración, en esos noviembres de Melville, la hiena sale sin rumbo fijo hacia cualquiera de esos montones de tiempo acumulados por ahí para morder a ciegas y extraer algo de provecho entre recuerdos y olvidos.
De esa manera, buscando muertos ilustres con la consideración de que, a veces, un hueso seco de hipopótamo puede dar mucha más sustancia que un puñado de vivos, me he metido a buscar información sobre José Ramón Urío Bengoechea. (Dos años y medio hace ya.)
El ordeñador -así llamado porque es la leche- ha realizado una de sus correcciones involuntarias y no por ello menos significativas, ya que donde ponía Un año sin JRUB me ha puesto, con ese tono de trabajador servicial ligeramente preocupado Quizás quiso decir un año sin Grub, sonorización realmente macabra para todo Deutschsprechender, ¿verdad? Pero quizás sea mejor tomárselo humorísticamente, y pensar que si uno fuera Eduardo Mendoza escribiría una novela titulada Sin noticias de JRUB, pues un poquico extraterrestres ya éramos él y yo. Y ya que de hienas tratamos, qué mejor que la risa.

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