¿Han leído el Viaje a la Alcarria de Camilo José Cela? Yo lo leí el verano de 1992 en una edición bastante reciente y recuerdo que en el prólogo, escrito a propósito para dicha edición, C.J.C. se sentía orgulloso de haber pasado al menos un día y una noche en todas las capitales españolas, lo que no me pareció ciertamente mala idea, hasta el punto de que decidí imitarla en cuanto las circunstancias me lo permitieran.
Al cabo de dieciséis años, yo también me siento satisfecho. Las capitales en las que he pasado al menos un día y una noche forman una larga lista: Logroño, Valladolid, Oviedo, Segovia, Zamora, Palencia, Soria, Burgos, Guadalajara, Ciudad Real, Castellón, Santander, Lugo, Ávila, Cuenca, Jaén, Cáceres, Bilbao, Teruel, Albacete... Y no sólo las capitales, también las ciudades pequeñas y los pueblos, como Calatayud, Peralejos de las Truchas, Taüll, Loarre, Puebla de Sanabria, Hornachuelos, La Alberca, Ágreda, Borja, Riópar, Cazorla... Sería difícil elegir tanto un monumento (los monasterios de Guadalupe, Valvanera, las Batuecas y Piedra, la Catedral del Burgo de Osma, los castillos de Loarre y Beteta, las murallas de Ávila y de Calatañazor, el acueducto de Segovia, Albarracín, la Mariblanca...) como un espacio natural (la Sierra del Moncayo, el Lago de Sanabria, los Puertos de Beceite, Cabañeros, el Cañón del Río Lobos, el Hayedo de Riaza, las Hoces del Duratón, Somiedo, Fuentes Carrionas, Respomuso, las Villuercas) y qué diremos de las escaladas: Mesa de Los Tres Reyes, Moncayo, Peñarroya, Penyagolosa, Alcarama, Peña Isasa, Peña de Francia, Peña Izaga -también uno es variadillo-, Caimodorro, Cenicientos... La memoria está llena de momentos y lugares agradables, sin duda, y aún serán más.
Este año he mantenido la costumbre de andar a lo largo y ancho de España, pero, si bien he vuelto a provincias conocidas, no he ido a ninguna nueva. Quizás no me apetecía, estaba cansado, o qué sé yo, pero de vez en cuando es bueno descansar, echar la vista atrás y tomar aliento. El año que viene, más.