Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

Serán ceniza mas tendrán sentido

23/07/2009 GMT 1

Una isla en un volcán

blcrnvlkjp @ 19:35

 ¿Cuál es el árbol que más ha sufrido la acción humana en toda España?Seguramente el roble común (Quercus robur), el carvallo gallego, el carbayo asturiano, el roble a secas. La combinación de suelos hiperfértiles con falta de excesos térmicos ha hecho que la mayor parte de las zonas donde crecía esta especie se hayan destinado a todo tipo de cultivos, y que hoy sea raro ver robledales dignos de tal nombre. De ahí la impresión que me llevé el día 10 del mes en curso en los montes que rodean a Olot, parte de la zona volcánica de la Garrotxa. (Podría decirse que Olot es una ciudad amurallada por montañas, antiguos volcanes cuya defunción se resisten a certificar los geólogos, así que el día menos pensado...)

 Subiendo por un barrio cuyas calles tienen todas nombres de volcanes se pasa sin transición a una trocha entre campos de cultivo -la combinación de vides y avellanos dice mucho del clima de la región- que desemboca en el bosque. Enseguida se encuentran ya robles con ese porte tan raro de ver, altos y esbeltos -hay que echar la cabeza atrás para verles la copa- sin dejar por ello de ser robustos; y aquí etimología y realidad se dan la mano, confirmando que "roble" y "robusto" comparten origen. Con ellos varias encinas -estamos en el Mediterráneo, al fin y al cabo-, algún arce campestre y un hermoso matorral de cornejos, aligustres, boneteros, endrinos, etc., sobresaliendo de entre los helechos.

 Pero no acababan ahí las sorpresas, pues parecía como si en un reducido espacio se hubieran refugiado las diversas asociaciones que presidía el roble en tiempos de mayor abundancia. Castaño y rusco, especies termófilas. El carácter mediterráneo del lugar se manifestaba por el nogal, el fresno de hoja estrecha y el almez, mientras que el avellano, el acebo y el chopo temblón estaban de embajadores atlánticos -algún abedul despistado había también- y, para no olvidarnos de la cercanía pirenaica, el boj dominaba en el sotobosque. Ya he hablado del arce campestre, especie de transición, que me hizo recordar el Valle de Mena, y de paso, echar de menos los madroños. Plátanos y acacias habían llegado de mano del hombre, como también se notaba en la parte donde el roble cedía ante el castaño. Ésta era la zona más umbría, con senderos estrechos y algún calvero desde el que se entreveían casas, campos...

 La hiedra era otra presencia constante, y las manchas de liquen dibujaban formas extrañas en los troncos. Un manzano silvestre engrosaba el inventario de especies venidas del país de la niebla. Musgos y helechos crecían de las rocas. Todo contribuía a crear ese ambiente de selva tropical, o mejor aún, terciaria. No me olvido de la ardilla a la que vi saltar jugueteando entre robles y encinas, ni de las abubillas que revoloteaban por los claros. Pero nada es perfecto, y ver lo edificado en las faldas del monte hasta media altura le devolvía a uno de golpe a la realidad.

Comentarios

No hay Comentarios »

Dejar un Comentario


<a href> <em> <blockquote> <strong> <cite> <code> <ul> <li> <dl> <dt> <dd>

Archivo | ¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis