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Serán ceniza mas tendrán sentido

31/10/2009 GMT 1

Ágora

blcrnvlkjp @ 20:15

 Por fin he visto esta película de Alejandro Amenábar, de la que hay algunas cosas por comentar:

1. ¿Por qué esa manía de decir Hipatia y no Hipacia? No decimos Horatio ni Miltíades, y de hecho, en la Historia de las guerras de Procopio aparece un tal Hipacio.

2. El año 391 d. Xp. es, a su vez, cuatro siglos y medio posterior a la edad asterixiana, es decir, que los legionarios ya no llevaban ni gladius ni coraza de láminas ni scutum. Vamos a ver cuándo se filma una película de esta época en la que los legionarios aparezcan tal y como iban, o sea, con cota de mallas y espada larga.

3. Y vamos al meollo. Al principio de la película, un personaje cristiano dice que ciertas opiniones ofenden a Dios y a sus creyentes. ¡Dichoso verbo! A lo mejor habría que elaborar una lista de mínimos para una convivencia democrática en la que junto al "vive y deja vivir" y al "no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran" figurase en letras bien visibles el "no ofende quien quiere sino quien puede", quizás junto con su corolario "reconocerse ofendido es declararse débil".

 Desde luego una religión no es algo uniforme, y entre los cristianos los hay débiles, que se ofenden por cualquier tontería, y fuertes, que seguramente calibran al adversario antes de responder. Pero es que además el cristianismo predica un dios omnipotente, al que el hombre es incapaz de acceder por sí mismo. ¿Cómo se le puede entonces ofender?

 En suma, en los regímenes totalitarios -y de ellos la Iglesia sabe mucho- el valor de la ofensa no depende de la capacidad del ofensor sino de la calidad del ofendido. (El tan cacareado "Ud. no sabe con quién está hablando.") En una democracia, lo dicho.

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